viernes, 25 de mayo de 2012

Me cura. En el cuerpo. Cualquier dolor.

El viento en la cara 
me cura. 
Aunque tenga la tristeza prendida 
en el cuerpo. 
Es como un placebo que arrasa con 
cualquier dolor. 
Y en ese instante, 
cuando el golpe me llega, cuando inevitablemente el aire 
me moja 
(pueden ser 2 segundos o 5 minutos), 
soy feliz. 
Feliz como una 
enamorada del muro 
que crece 
en el jardín más infinito.

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